Demografía

Análisis del documental Demographic Winter

Por:  Juan Diego Asturias Calderón

El fenómeno conocido como invierno demográfico hace alusión a la inversión de la estructura demográfica común, o normal, en la cual la base de la sociedad es generalmente joven, y ésta es la mayoría de la población. Por diversos factores, dicha inversión ha ocurrido y está ocurriendo en regiones europeas y en norte América.

Para algunos expertos como sociólogos, economistas e inclusive políticos, el tema representa un verdadero problema, y debe buscarse el mecanismo para revertir la situación. Las poblaciones afectadas por este “invierno”, han tendido a envejecerse. Sumado a ello, la fuerza productiva y motor de esos países se disminuye, y pierde capacidad no sólo de producción, sino también de “evolución” social y de progreso. Esto porque se genera una estancamiento.

Los gobiernos, bajo recomendación de esos expertos que han lanzado un llamado de atención y una alerta para no sólo revertir la situación sino también para prevenir la misma, están buscando los medios de mantener la normalidad y evitar el conflictivo caso de que les “llueva sobre mojado”.

El problema de una inversión en las pirámides poblacionales no radica sólo en la característica poblacional decreciente, sino que esto afecta seriamente la estructura económica y productiva, además de que obliga a los gobiernos a tomar muchas decisiones “diferentes” o que seguramente no tomarían –y quizá ni se verían obligados a tomar– en otras circunstancias. Una de esas decisiones es promover el crecimiento de sus poblaciones. Países como Rusia y Suecia, sin mayor efectividad, han tenido que recurrir a políticas públicas orientadas a “despertar” en sus ciudadanos el deseo de procrear. Asimismo han ofrecido beneficios, privilegios y soporte a las parejas y familias que decidan tomar el camino de la procreación. Sin embargo, la gente simplemente no quiere tener hijos.

Otro camino que han tenido que seguir algunos gobiernos como el de Alemania y varios países escandinavos y del centro de Europa es el ofrecer beneficios, vivienda, educación gratis y manutención económica a parejas de estudiantes y a profesionales jóvenes extranjeros para que migren a esos países a desempeñar sus funciones profesionales, o graduarse, y a “criar bebés”.

Cabe mencionar que los países europeos con sistemas cuasi socialistas que tienen sistemas de pensión y retiro en los cuales la mayoría joven que labora paga el retiro de la minoría vieja retirada, se verán en un problema mayúsculo al hacerse notar el giro poblacional.

Los gobiernos no sólo incurren en esos gastos (en este caso “inversiones”) orientados a atraer juventudes extranjeras, o a otorgar beneficios e inclusive pagar a sus pobladores por traer criaturas al mundo, sino que también se ven obligados a aumentar las tasas impositivas, pues de alguna u otra forma el sistema de gobierno se debe mantener a pesar del decrecimiento poblacional y de la depreciación productiva.

Otro problema que notan los expertos es el “impacto ambiental” que genera uno de los problemas atados al invierno demográfico. El cambio en la población tampoco es sólo numérico –de cantidad– sino también de “calidad”. Con esto me refiero a la explicación que dan los analistas que explican cómo las personas están dejando de creer en la primera institución  humana y en la base de cualquier sociedad: la familia. Los divorcios están a la orden del día y los hogares monopaternales se están multiplicando. Esto no sólo genera ese ambiente psicológicamente hostil (que explicaré a continuación) sino que también genera el mencionado impacto ambiental.

El hecho de que muchas familias se separen, no sólo genera la ruptura familiar, sino genera demanda de vivienda, consumo de más agua y de más electricidad, sino también más contaminación (por ejemplo: antes un hogar podía tener un automóvil, tras la ruptura cada parte necesita uno). Si las familias se mantuvieran unidas y los divorcios fueran en menor cantidad, países como Estados Unidos se ahorrarían millones de litros de agua anuales y muchos más millones de kilovatios, también anualmente.

Como mencioné, las rupturas familiares, en este caso, no sólo generan la explicada contaminación e impactos ambientales, sino que modifican el modus vivendi de sus miembros separados y, especialmente de los niños afectados. En vez de crecer con ambas figuras paternales, se ven obligados a “compartir” turnos de crianza entre las partes, a vivir en dos hogares, a ser dirigidos en su desarrollo bajo dos opiniones posiblemente distintas. Los niños dejan de crecer con una mentalidad familiar y de hogar. Viven en “dos familias” y en dos casas –no hogares–. Este ambiente de divorcios, de madres solteras, etc., genera inevitablemente un cambio de mentalidad. Eso hay que advertirlo.

Para terminar, quizá pueda pensarse que a países sub desarrollados o en las famosas “vías de desarrollo”, como Guatemala, no les impacte el invierno demográfico de países desarrollados. Considero que esto no es así, y de alguna u otra forma, directa e indirecta, los tercermundistas se ven afectados (positiva o negativamente) por los issues del primer mundo.

Para Guatemala, específicamente, una situación de inversión demográfica en Estados Unidos (referente de “primer mundo” en su contexto regional) representaría múltiples caminos a seguir. Uno de estos estaría ligado a la inmigración. Si Estados Unidos sufriera un cambio de esa índole, y su producción (mano de obra) decayera, seguramente dejaría de deportar mojados, cambiaría sus políticas migratorias y buscaría la forma de adaptar sus parámetros de legalidad para los migrantes. También se vería obligado a atraer juventudes como en el caso mencionado de Alemania, o a fomentar la multiplicación nacional como los modelos ruso o sueco.

Luego, si la producción decayera, y mientras algunas políticas migratorias y de crecimiento demográfico se adaptan, Estados Unidos se vería motivado a comprar productos extranjeros, ya producidos, y no sólo materias primas. Esto beneficiaría a la producción guatemalteca.

En fin. Trátese de políticas públicas nacionales para amortiguar el problema, o de políticas migratorias, o de aumento comercial con países como el nuestro, bien se dice que la basura de unos es el tesoro de otros. Pero considero que todos los factores ligados a un problema reducido al término de “invierno demográfico”, son tan variables y requieren estudios tan específicos y profundos que considero que el saber cómo se estará en mediano, corto o largo plazo es obviamente imposible. Sí creo que las diferentes ramas de estudios sociales y científicos pueden llegar a conclusiones concretas y reorientar algunas situaciones para “salvar´” sus economías y poblaciones. En casos como estos creo imprudente el dejarlo pasar por el hecho de no querer intervenir, y estoy consciente de que el remedio puede resultar peor que la enfermedad; pero en este caso creo que remedios pueden prever y disminuir un daño mayor e irrevocable en el futuro.

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Autor Beatriz Castillo

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