Desarrollo

Población y Pobreza

Por febrero 23, 2010 Sin comentarios

Publicado en Inglés en Acton Commentary el 30 de mayo, 2007 por Michael Miller

Traducido por Carroll Ríos de Rodriguez.

En medio del alboroto que rodeó la renuncia del presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, pocos notaron otra gran batalla que acontecía en el seno del Banco Mundial sobre la cuestión de la población.  Según los reportajes, el Director Gerente del Banco y ex Ministro de Finanzas de El Salvador, Juan José Daboub, fue criticado por un memo que envió supuestamente requiriendo que las políticas de salud reproductiva fueran removidas del paquete del Banco Mundial para Madagascar.  Se le acusó de imponer sus creencias religiosas sobre las políticas públicas arraigadas en el banco en torno a la salud reproductiva y la planificación familiar.

Los delegados europeos de Bélgica, Noruega, Alemania y Francia, junto con varias organizaciones no-gubernamentales, incluyendo a Planned Parenthood, CARE Internacional de Gran Bretaña y Global Population Education, también se opusieron a los intentos por Estados Unidos de limitar los abortos como parte de la atención en salud.  Dado que el asunto Wolfowitz absorbía la mayor parte de su energía, los Estados Unidos cedió a la presión europea y revirtió su oposición a que el Banco Mundial financiara programas de salud sexual y reproductiva que incluyen el aborto.

El verdadero tema es: ¿Por qué, para empezar, el Banco Mundial financia abortos?  Apoyado por 185 países miembros, siendo Estados Unidos el principal donante, el Banco Mundial ha proviso fondos a países en desarrollo durante sesenta años.  Según un memo del Banco Mundial, esto incluye más de $2 mil millones en los últimos diez años para salud reproductiva que abarca el aborto.  ¿Qué tiene que ver esta agenda con su misión de crear un mundo libre de pobreza?

Por supuesto que la percepción común es que el crecimiento poblacional causa pobreza, así que reducir la población debería también reducir la pobreza.  Pero los hechos no confirman esta creencia.  Tampoco la confirma la economía elemental.

La idea que el crecimiento poblacional causa pobreza emana de la falacia omnipresente del juego de suma cero: la idea que la economía es una torta con una cantidad fija para repartir.  Pero la economía no es una torta, las economías pueden crecer, y el crecimiento poblacional puede en efecto ayudar al desarrollo.  Una población creciente significa más mano de obra, que junto con la tierra y el capital son los principales factores de producción.

Detrás de gran parte del pensamiento de suma cero con relación a la población está la teoría de Thomas Malthus, quien en 1798 predijo que el mundo se encaminaba hacia una inminente escasez de alimentos porque la población crecía en forma geométrica mientras que la oferta alimentaria solo crecía en forma aritmética.  Así, predijo que el número de personas pronto superaría la oferta de comida y ello conduciría a una hambruna masiva ya para el año 1850.  Uno de sus errores fue de omisión, pues no tomó en cuenta la tecnología, un producto de la creatividad humana.

No sólo no se cumplió la predicción de Malthus; hoy existen excedentes de alimentos a pesar de que la actual población sobre la tierra es seis veces mayor de lo que era en 1850.  Las hambrunas hoy no son causadas por falta de alimentos, sino por corrupción, guerra y malas políticas económicas.  A pesar del cúmulo de evidencia contraria, las fuerzas anti-población siguen amarrados a las predicciones maltusianas y continúan viendo a las personas simplemente como consumidoras que obstaculizan el crecimiento económico.  Pero las personas hacen más que consumir, también producen.  Innovan y crean riqueza.

Las estadísticas no arrojan una correlación real entre población y pobreza.  Si la población fuera un factor determinante de la pobreza, sería difícil explicar ciertos lugares como Hong Kong, Japón, Corea del Sur y los Países Bajos.  Todos tienen una alta densidad poblacional y aún así son prósperos.  El Reino Unido tiene una densidad poblacional alrededor de tres veces mayor que la de Ghana, y un Producto Interno Bruto per cápita que es 81 por ciento más alto.   Existen muchas causas para la pobreza, pero la población no es una de ellas.

A pesar de la evidencia, el Banco Mundial sigue derrochando los dólares de los impuestos estadounidenses en control poblacional, cuando ese dinero podría orientarse a usos mejores, como a infraestructura, las telecomunicaciones y el combate a la corrupción.  Quizás el Banco Mundial ha sido capturado por ideólogos más preocupados con las visiones de eugenesia de Planned Parenthood, que con un afán de realmente ayudar a las familias a salir de la pobreza.

Literalmente miles de millones de dólares se han invertido en la reducción de poblaciones de los países en desarrollo, pero sin rendir un progreso económico real.  Conocemos los factores que crean crecimiento económico y desarrollo: un Estado de Derecho consistente para todos los ciudadanos, derechos de propiedad, una regulación sensata, y una cultura que anima y recompensa el comportamiento emprendedor.  Estos rasgos nunca han existido perfectamente en la tierra, pero el grado al cual han estado presentes refleja el grado al cual se ha alcanzado la prosperidad.  Conversamente, cuando permanecen ausentes, y ese es el caso de mucho del mundo en vías de desarrollo hoy,  encontramos la pobreza y la miseria en su lugar.

Muchas de las mismas personas que protestan contra el imperialismo cultural de las corporaciones multinacionales como McDonald’s, Coca-Cola y Wal-Mart vigorosamente apoyan la imposición de una moralidad sexual secular y occidental sobre las mujeres de América Latina, África y Asia, muchas de las cuales los ven como males morales y como una violación a su dignidad.

Las personas pueden escoger si comen un Big Mac o si van de compras en Wal-Mart, pero cuando la ayuda externa se condiciona a las políticas de salud reproductiva que incluyen el aborto—y no hay libertad de elección—entonces eso es verdadero imperialismo cultural.  Es irónico que Europa, el mismo continente que enfrenta una crisis económica por su declive poblacional, esté tan ocupada promoviendo su propia enfermedad como si fuese una panacea para lo que aflige al mundo en desarrollo.

Autor Beatriz Castillo

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