Conocí el concepto de “capital familia” o “capital familiar” a través de un libro titulado “Family Capital and the SDG’s: Implementing the Sustainable Development Goals”. En su resumen en español, el documento señala lo siguiente: “El capital familiar parte del principio que señala que el todo es mayor que la suma de sus partes,” declaró David Imig de la Universidad Estatal de Michigan, uno de los primeros académicos que promovió el concepto. Él describió al capital familiar como un atributo en el nivel de “unidad familiar que surge como una función de la actividad colectiva en torno a la producción familiar.” A su juicio, el desarrollo del capital humano dentro de la unidad familiar es “decisivo en el futuro desarrollo de capital social en la comunidad”(Imig, 1998).

Para la autora del libro en mención, Susan Roylance, el capital familiar contribuye a formar comunidades fuertes. Y esto, desde mi punto de vista, es el resultado de familias que propician el espacio social adecuado para que cada individuo pueda florecer de la mejor manera posible, desarrollar habilidades y capacidades, y alcanzar la propia autonomía (psicosocial, económica, etc.).

Roylance cita a Elena Cohen, Theodora Ooms y John Hutchins cuando menciona y agrupa en cuatro categorías lo que consideran las principales tareas de las familias:

  1. La familia proporciona al individuo su identidad personal y social, y la capacidad para el afecto y la intimidad.
  2. La familia es responsable de proveer apoyo económico para satisfacer las necesidades básicas de alimentación, vivienda y vestido de sus dependientes.
  3. La familia es responsable de formar y nutrir a la próxima generación para que sean miembros responsables y productivos de la sociedad. Esto incluye el fomento y protección de la salud, la educación, la seguridad de los niños y el inculcarles valores
    morales y sociales.
  4. La familia proporciona cuidados de protección y apoyo a sus miembros discapacitados, enfermos, frágiles y vulnerables de todas las edades que no pueden cuidar de sí mismos.

El gran potencial del capital familiar o capital familia es la capacidad que tiene para fortalecer el tejido social y la vida en comunidad.  La familia, como unidad básica de la sociedad, puede existir de forma independiente, en un nivel muy elemental; sin embargo, es beneficioso tanto para la unidad familiar individual como para la comunidad en general, el uso cooperativo del capital familiar. Por lo tanto, las familias existen en un “estado de interdependencia con la comunidad, en ecosistemas sociales y globales socioculturales, físico-biológicos y de confección humana.” Las familias sólidas, como base, en conjunto generan comunidades fuertes, naciones fuertes y un mundo mejor para todos (Burlboz, 2001).

Un capital familiar sano promueve relaciones interpersonales sanas y de confianza. Es en este espacio social, o primera comunidad, en donde inicia la construcción de experiencias de cada ser humano. Las cuales posteriormente se trasladan a otros espacios o burbujas, como el trabajo y la vida en sociedad. Si de verdad nos interesa subsanar el tejido social y la vida en comunidad, es necesario y fundamental prestarle atención al capital familiar. El mundo es un reflejo de las personas que le habitan y el tipo de relaciones que logran entablar unos con otros, he allí el valor, la importancia y el potencial de capital familiar.

 

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Autor María Renée Estrada

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