El capital humano es un término comúnmente aplicado en ámbitos económicos refiriéndose al valor intangible de las capacidades humanas involucradas en procesos de productividad. Sin embargo, este concepto no se limita a una actividad económica, más bien se fundamenta en un sistema social sostenible que aporta los elementos necesarios para el desarrollo  integral de cada ser humano que eventualmente se desempeñará productivamente como ciudadano, trabajador, padre de familia, etc.

El capital humano se ha relacionado con la calidad de la mano de obra con la que cuenta una empresa, sin embargo, el sistema laboral actual, transformado por los avances tecnológicos que han motivado la digitalización de diferentes procesos empresariales, paulatinamente ha requerido de una mano de obra o capacidades más especializadas en la fuerza de trabajo. Esa transformación también ha requerido y requiere de innovación en las estructuras sociales, sistemas educativos, orientación de la inversión pública, etc. para maximizar las competencias de la población laboralmente activa, y actualizar sus destrezas según las exigencias del mercado laboral actual.

La región latinoamericana aun presenta una ventaja en comparación con otras regiones del mundo: una población joven. La población mayor de 65 años en Latinoamérica representa solamente el 8% de la población total, muy por debajo del 19.20% correspondiente a la población mayor en la región europea o el 15.03%  en Estados Unidos (Informe de la Evolución de la Familia en Iberoamérica, 2019). Una población joven mayoritaria es un factor positivo para el desarrollo económico de un país, ya que representa una cuantiosa fuerza de trabajo que aumenta la productividad y favorece al sistema tributario, permitiendo la destinación de recursos a programas e inversión pública que benefician a toda la población.

Sin embargo, los países de la región latinoamericana presentan desafíos que dificultan el aprovechamiento de su población joven, por ejemplo, según el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2020, de la UNESCO, el número de niños, niñas, adolescentes y jóvenes sin escolarización  es de 12 millones en la región latinoamericana. En países como Guatemala, el índice de analfabetismo es del 18.5% según los resultados del Censo Nacional de Población y Vivienda realizado en el 2018, la cifra equivale a 2.3 millones de guatemaltecos que no saben leer ni escribir. Aunque positivamente se había presentado un incremento en la asistencia escolar y la finalización de los estudios hasta el 2018 en latinoamericana, la pandemia mundial por Covid-19 ha perjudicado la escolaridad en la región, según la Organización de Estados Iberoamericanos, la deserción escolar alcanzó a 17 millones de latinoamericanos a causa de las medidas restrictivas derivadas de la pandemia mundial del Covid-19 en el 2020.

Frente a problemáticas sociales compartidas por los países latinoamericanos en diferentes proporciones, son escasas las oportunidades de inversión en capital humano. Principalmente ahora, inmersos en una pandemia mundial que ha agravado los índices de pobreza, pobreza extrema, educación, desempleo, inversión pública, etc. en todo el mundo, es aún más importante la priorización de capital humano que consiste en el conocimiento, las habilidades y la salud que las personas acumulan a lo largo de sus vidas. El desarrollo pleno de cada ser humano representa un valor intrínseco innegable, invertir en ampliar la cobertura de los servicios de salud, reforzar los programas públicos de nutrición y de educación universal, así como proveer más oportunidades de empleo, permite a las personas realizar su potencial como miembros productivos de la sociedad.

“Más capital humano se asocia con mayores ingresos para las personas, mayores ingresos para los países y una mayor cohesión en las sociedades”.

Índice de Capital Humano, 2020

El Índice de Capital Humano mide las oportunidades de desarrollo que las actuales generaciones pueden aspirar a alcanzar según las condiciones de vida promedio específicas de cada país. Esta medición ilustra cuantitativamente los factores que influyen en la prosperidad de vida de una sociedad particular y lo que representa para la productividad de las próximas generaciones  mediante tres componentes claves:

  • Supervivencia: Esta cifra revela las condiciones precarias u optimas de vida brindadas a los menores de edad hasta los 5 años; es precisamente en ese período de la infancia en donde comienza el proceso de acumulación de capital humano a través de la educación formal. La medición toma en cuenta las tasas de mortalidad y las de supervivencia de la niñez hasta los 5 años.
  • Escolaridad: Este componente relaciona la cantidad y la calidad de los sistemas de educación mediante la cuantificación de los años de escolaridad hasta los 18 años y la calidad  de la misma evaluada con pruebas de rendimiento estudiantil llevadas a cabo internacionalmente.
  • Salud: Este dato vincula la tasa de supervivencia a partir de los 15 años hasta los 60, y las condiciones de salud entre los niños menores de 5 años reflejadas mediante la proporción de menores que no presentan retraso del crecimiento como un estándar de medida de salud óptima en la niñez.

La última actualización del Índice de Capital Humano, correspondiente al 2020, atribuye un índice de 0.56 puntos a la región de América Latina y el Caribe, el índice se calcula de 0 a 1, siendo 1 el resultado óptimo. Las últimas cifras publicadas no toman en cuenta el impacto de la pandemia mundial en los componentes evaluados, sin embargo se prevé un deterioro de los mismos.

La importancia de la inversión en capital humano se extiende más allá del rendimiento económico, representa una sostenibilidad de la sociedad basada en la optimización de las competencias de los individuos que le conforman, siendo ellos el recurso insustituible del desarrollo.

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Autor Andrea Velásquez

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