La pandemia mundial por COVID-19 ha cambiado completamente el panorama social, laboral, político y, especialmente, económico para los próximos años. El estudio “Estimaciones del impacto de COVID-19 en la pobreza global”, publicado por el Instituto Mundial de Investigación sobre Economía del Desarrollo de la Universidad de las Naciones Unidas, muestra que la crisis económica se prolongará un mayor tiempo que la sanitaria en todas las regiones del mundo.

El documento, publicado en abril del 2020, muestra estimaciones sobre el impacto potencial de la pandemia en la pobreza monetaria global mediante variantes como el ingreso familiar per cápita y la contracción del consumo a nivel mundial, utilizando los lineamientos internacionales de pobreza. La publicación considera como pobreza moderada la convivencia de una familia con ingresos diarios de $5.50; Las familias con ingresos diarios de $3.20 se considera viven en condiciones de pobreza, y las que reciben un ingreso mínimo de $1.90 al día son incluidas entre la población en extrema pobreza.

Basándose en datos del Banco Mundial, el estudio que aborda los rezagos económicos mundiales del COVID-19, muestra que la pandemia mundial representa un verdadero desafío para el Objetivo de Desarrollo Sostenible planteado por la Organización de Naciones Unidas de erradicar la pobreza para el año 2030, ya que se prevé que la misma aumentaría por primera vez desde 1990 y tal aumento podría representar una reversión de aproximadamente una década en el proceso de reducir la pobreza mundial. En algunas regiones, incluso, la reversión podría ocasionar índices de pobreza poblacional similares a los registrados hace tres décadas.

La erradicación de la pobreza ha sido un punto prioritario en la agenda de todos los Estados e instancias internacionales; en el 2018 se registraba que la población mundial que vivía en extrema pobreza representaba un 8.6% (650 millones de personas aproximadamente) de la población total; el documento pronostica que al final del 2020 la proporción aumentará a un 8.8%, es decir un aumento de 70 millones de personas más en pobreza extrema y 60 millones más en el 2021. 

“El COVID-19 ha generado dolor y ha alterado el curso de la historia, pero puede ser un catalizador para un necesario cambio”

Mukhisa Kituyi (Secretario General de UNCTAD)

La región más afectada según las estimaciones presentadas será África Subsahariana, con un aumento de 2.74% de población en condiciones de pobreza (31 millones de personas más), seguido del sur de Asia, con un crecimiento previsto de 1.25% (23 millones de personas más), y América Latina tendrá un aumento de 3.58 millones de personas que viven en condiciones precarias.

Además de la incertidumbre, la disparidad ha sido una constante durante los meses que se ha prolongado la pandemia, la población más vulnerable ante el contagio del COVID-19 es la mayor de 60 años; sin embargo, los jóvenes han sido los más afectados en el ámbito laboral debido a la reducción de plazas de trabajo y al cierre de comercios de todo ámbito. Otra notable disparidad ha sido la respuesta de las economías nacionales a la crisis económica: las economías desarrolladas han destinado aproximadamente $1,365 per cápita en estímulos fiscales y otras medidas de recuperación; En los países subdesarrollados, en cambio, la cifra es de $76 por persona.

Sin duda alguna, el COVID-19 ha creado nuevos desafíos para la población mundial en todos sus ámbitos. El desarrollo y recuperación de la economía mundial dependerá de la adecuada orientación de los recursos públicos, priorizando garantizar una calidad de vida digna a todas las personas y afrontando las problemáticas mediante la generación de políticas y programas públicos en beneficio de la población más vulnerable.

 

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Autor Andrea Velásquez

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