El Día Internacional de la Familia es una ocasión excepcional para destacar su irremplazable valor en el desarrollo de todo ser humano y, consecuentemente en la sostenibilidad de una sociedad. Es más, una sociedad podría ser considerada como el reflejo de sus estructuras familiares, es decir, si se garantizan las condiciones óptimas para el bienestar y prosperidad de los entornos familiares, los mismos podrán proveer a sus miembros las competencias necesarias para que aporten significativamente a la sociedad. Si se carece de estructuras familiares estables, ¿Cómo podemos aspirar a tener sociedades valerosas?.

En los diferentes proyectos realizados por FADEP, hemos reiterado la trascendencia de las tendencias demografías en la sostenibilidad de una sociedad basada en términos cuantitativos, por ejemplo, refiriéndonos a su población total, su proporción de población joven, etc.  Sin embargo, dicha sostenibilidad también se vale de aspectos cualitativos, y es el entorno familiar el que provee ese valor a la sociedad, claro está, refiriéndonos a familias funcionales, es decir que cumplen su función procreadora, educativa y afectiva en el desarrollo de sus miembros

La idea de que la familia es una visualización reducida de la sociedad está relacionada con sus inherentes atribuciones  sociales, comenzando por su responsabilidad en la educación y enseñanzas transmitidas a los hijos; así también, ejerce una función socializadora, siendo el principal entorno colectivo en el que se desarrollan y ejercen las capacidades afectivas y de convivencia de los miembros de la familia,  además de propiciar en los hijos un comportamiento respetuoso de las normas que les rigen. En el hogar también se provee la protección y seguridad, especialmente de los más vulnerables, y es allí donde se desarrolla la identidad personal desde el inicio de la vida de todo ser humano que luego determinará su desempeño en todos los ámbitos en los que se involucre.

“Familias fuertes, sociedades sustentables”

Institute for family studies

La familia, en relación con las tendencias sociales, ha evolucionado; un ejemplo de ello es la reducción progresiva en la cantidad de miembros que la conforman, el incremento de las exigencias laborales y escolares y, sobre todo, la introducción de la tecnología en las dinámicas familiares, temática central elegida por la Organización de Naciones Unidas para acentuar en la celebración del Día internacional de la Familia de este año y que vale la pena comentar. La sociedad actual se dirige a ser una sociedad “hiperconectada” como lo define el libro Familias enREDadaslo cual representa un sinfín de ventajas en la comunicación, educación y acercamiento entre los miembros de toda familia; sin duda alguna los avances tecnológicos han facilitado muchos aspectos de la cotidianidad familiar.

Las redes sociales, la digitalización de métodos de enseñanza, la tecnología cada vez más inmiscuida en nuestras rutinas diarias por supuesto también implican riesgos, sin embargo, es una realidad a la que debemos habituarnos y aprovechar sus beneficios. Ello es un reto especialmente para las generaciones que no crecieron en una sociedad “hiperconectada”.  El libro anteriormente citado, propone la disminución de la brecha generacional en lo que se refiere a la adaptación de la tecnología actual como una necesidad presente en los padres de familia para fomentar en sus hijos el uso responsable de la tecnología a la que tienen acceso.

Es evidente que el acelerado ritmo de la evolución tecnológica permanece redefiniendo a toda la sociedad y a todas las familias; esta es una oportunidad para sacar mayor provecho de esa “hiperconexión” como un nuevo recurso para crear vínculos familiares, los cuales son necesarios en toda etapa de vida y en toda sociedad sustentable.

 

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Maternidad social
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Autor Andrea Velásquez

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