El siguiente artículo redactado por Joaquín Chaverri, en su columna de opinión en el periódico de Costa Rica Diario Extra, señala el inherente potencial que representa una familia para la sociedad y la necesidad de garantizar su bienestar. Las familias jóvenes aportan valor a las futuras generaciones, por lo que el autor resalta la necesidad de garantizarles bienestar y permanencia para permitirles “dar un nuevo vigor demográfico y social a nuestro país”.


Todos los días, en diferentes puntos del país, se llevan adelante numerosas iniciativas sociales. La atención de enfermos, el cuido de niños, el inicio de lecciones, la atención de ancianos y la construcción de casas para gente sin recursos conforman parte de la iniciativa y acción social de las personas y del Estado costarricense para combatir la pobreza, la miseria y provocar salidas positivas para personas que se encuentran en dificultades. Sin embargo, el proyecto social más importante para Costa Rica es la consistencia y solidez de la familia de cada uno.
Ella, la familia, tiene un potencial inmenso, que muchas veces dejamos de lado. La actividad familiar con frecuencia sabemos que no descansa, pues hay que cuidar un enfermo, preparar alguna actividad en el hogar, resolver los serios problemas económicos, organizar la solución de problemas humanos. Todos estos retos tienen un fuerte impacto social, pero siempre se lleva adelante con solidaridad y ejemplar esfuerzo. A todo ello hay que adjuntar el importante papel del diálogo familiar, para lograr un mejor ambiente.

“El proyecto social más importante para Costa Rica es la consistencia y solidez de la familia de cada uno.”

Potenciar la Política Familiar

Pero más allá de esta buena iniciativa, nuestras preocupaciones, deben estar en la formación y constitución de familias jóvenes. Este es el verdadero reto social y político de este país. Ellos conforman el futuro, que debe tener consistencia sólida en sus actividades y compromiso. Para ellos necesitamos trabajos seguros, oportunidades de progreso.
Aquí se trata algo más, de hablar de créditos habitaciones, servicios sociales. El punto fundamental es la necesidad de la formación humana para que desde estos hogares, y desde los centros de enseñanza, podamos apoyar y formar familias jóvenes, que puedan con sus hijos, dar un nuevo vigor demográfico y social a nuestro país, pues no basta la benevolencia de los buenos deseos. Hay que lograr que tenga permanencia en la fidelidad.

Familias sólidas e inquebrantables

Necesitamos familias jóvenes, que no se rompan, que puedan llamar y educar a sus hijos con toda permanencia. Aquí está la seguridad y consistencia de toda familia. La constitución de familias solidas jóvenes no ha sido algo que nos podemos vanagloriar. En este país falta muchas familias solidas que puedan con éxito afrontar las diferencias económicas, pero que sepan también siempre decir sí en las responsabilidades sociales propias.
El sistema educativo no se puede olvidar de las familias jóvenes. Hay que saber hablar del tema con habilidad e inteligencia, en este sentido, para que tengamos familias con mucha esperanza.

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Autor Andrea Velásquez

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