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En reiteradas ocasiones, FADEP ha reafirmado el irremplazable papel que desempeña la institución familiar, partiendo desde el carácter individual, en el desarrollo pleno de cada ser humano y en la prosperidad de toda sociedad. Hace diez años, FADEP publicaba su proyecto “Reseña de las políticas públicas que afectan a la familia en Guatemala”, el cual reitera la relevancia de generar políticas públicas  y programas sociales orientadas a favorecer a las estructuras familiares. Tras una década de trabajo, el presente año FADEP  ha destacado el término Capital Familia refiriéndose a la función inherente al entorno familiar de aportar los medios de subsistencia para el desarrollo integral de sus miembros; es decir, diferentes aspectos de la sociedad se encuentran en constate cambio, sin embargo, el valor de la familia y de sus funciones sociales, permanecen inalterables.

La familia es la estructura elemental de toda sociedad y se interrelaciona con las condiciones sociales y poblacionales en ambas vías, es decir, el contexto social influye en los entornos familiares de la misma manera que las familias determinan y sobre todo, benefician a una sociedad.

Las condiciones demográficas en todas las regiones del mundo representan desafíos sociales más álgidos en países como China o España, por sus reducidos índices de natalidad, los cuales se encuentran ya por debajo del índice de reemplazo generacional, lo que se refiere a que los nacimientos son actualmente muy limitados e insuficientes para reemplazar a las generaciones anteriores. El decrecimiento de la natalidad está sumamente relacionado con problemáticas familiares, incluyendo el reciente aumento de las tasas de divorcio, la disminución de la nupcialidad, inestabilidad económica, las escasas oportunidades de conciliación familiar y laboral para los padres de familia y el aumento de sus exigencias laborales, entre otras. Las anteriores condiciones actuales han causado la postergación en la tenencia de hijos en los matrimonios o parejas, y algunas prefieren evitarlo por completo.

Frente al contexto mencionado, algunos países han establecido políticas públicas que favorecen las condiciones familiares y consecuentemente, también las demográficas.

Comencemos con el caso de China: Su tasa de natalidad registra un promedio de 1.66 hijos por mujer en edad fértil y la población mayor de 60 años representa ya el 18.7% de la población total china, 4.5% más de lo que representaba una década atrás. Aunque pareciera irónico para el país que impuso la política de hijo único, China ha emprendido una serie de políticas orientadas a mejorar las anteriores condiciones poblacionales. Por ejemplo, recientemente, el gobierno de China ha ampliado a tres el número de hijos permitidos por familia como una medida para ampliar los índices de natalidad; además, una peculiar ley incluida en un nuevo Código Civil que entró en vigor a partir del 1 de enero del presente año, impone la condición, a parejas que solicitan divorcio, de esperar 30 días después de presentar su solicitud para culminar su matrimonio, tiempo durante el cual ambos pueden retirar la petición civil. La ley de “período de enfriamiento”, como se le conoce, ha tenido resultados satisfactorios, ya que los divorcios, según las estadísticas publicadas por el Ministerio de Asuntos Civiles del país, se han reducido en un 72% entre el primer trimestre del 2021 y el último del 2020. Autoridades chinas se han referido a la misma ley como un incentivo para fortalecer los matrimonios que, por su estrecha relación con la reproducción, también pretende fomentar la natalidad y colaborar en el desarrollo socioeconómico del país.

Hungría, el mayor caso de éxito familiar: En el año 2010 Hungría presentaba una escasa natalidad con un promedio de 1.25 hijos por mujer; actualmente, el mismo promedio ha aumentado a 1.55%; en la misma década, los matrimonios han aumentado cerca de un 90% y los divorcios han disminuido en un 57%.

¿Cómo se ha logrado avanzar en revertir las perjudiciales condiciones demográficas en Hungría? Apoyando y fortaleciendo a las familias húngaras. No es casualidad que el gobierno húngaro es el que más recursos proporciona a las familias, invirtiendo casi el 5% de su Producto Interno Bruto; mientras que, en promedio, otros países destinan sólo un 2.55% del mismo, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. En el 2019 Hungría puso en marcha el Plan de Acción para la Protección de la Familia, el cual proporciona un ejemplar apoyo e incentivo a las familias. Mediante el programa, que ha beneficiado a más de 200 mil familias, se realiza un préstamo sin intereses de €29 mil a parejas casadas, el cual no deben pagar de vuelta si tienen tres hijos o más; y si las mismas deciden tener únicamente dos hijos, deben pagar un 66% del préstamo adquirido.

Otra medida que ha favorecido a la natalidad en Hungría es la exención del Impuesto sobre la Renta para las madres que tengan cuatro o un número mayor de hijos, además se han abierto nuevas guarderías para apoyar a los padres de familia laboralmente activos, y con el mismo objetivo también se ha implementado la remuneración de los abuelos que realicen la labor de cuidado de sus nietos.

También se han orientado recursos para subsidiar la adquisición de automóviles y  las familias que tengan dos hijos reciben una donación gubernamental de €3,150 para el pago de su hipoteca; esta donación aumenta según el número de hijos por familia. Tales medidas buscan facilitar la adquisición de bienes y activos familiares para mejorar la calidad del entorno familiar y, consecuentemente, fomentar la prosperidad de las futuras generaciones húngaras.

Uno de los principales factores de la disminución de la natalidad es la mayor incursión de mujeres en el sistema laboral, lo que tiene como consecuencia que decidan posponer su maternidad o evitarla por completo. Otro aspecto relacionado es la insuficiencia de recursos monetarios para soportar los gastos familiares; en relación a ello, el gobierno húngaro, mediante el programa social mencionado, reduce los gastos fiscales de las empresas que contraten madres de familia y, a partir del 1 de julio próximo, las madres recibirán el 100% de su salario durante los primeros seis meses de permiso por maternidad, del cual previo a esta medida, recibían el 70%. El objetivo del gobierno húngaro es apoyar a las familias para que tener hijos no suponga una desventaja financiera; al contrario, que ello represente una inversión en el desarrollo y sostenibilidad social y económica del país.

Las condiciones demográficas suponen retos en todas las regiones del mundo, aunque heterogéneamente los avanzados procesos de decrecimiento y envejecimiento poblacional afectan ya a diversos países. Sin embargo, las políticas públicas o programas sociales orientados al desarrollo socioeconómico raramente priorizan el fortalecimiento y el apoyo para la prosperidad de las estructuras familiares aun cuando la pandemia mundial por COVID-19 ha agravado el declive de los índices de natalidad, especialmente en los países europeos. Recientemente, el Instituto Nacional de Estadística de España presentaba los últimos datos demográficos del país europeo, destacando entre ellos la caída dramática de la natalidad: los nacimientos en los meses que han transcurrido del 2021 presentan el menor número registrado en España.

Familia, sociedad y economía están interrelacionados directamente, ya que es dentro del entorno familiar, donde las personas desarrollan las capacidades que le permitirán desempeñarse óptimamente dentro de la sociedad y también como el principal recurso para el desarrollo económico de un país. La familia es en sí un valor estratégico que, inherentemente aporta a las futuras generaciones y a las condiciones para que prosperen y pueda asegurarse la sostenibilidad de la sociedad en general.

Andrea Velásquez

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