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América Latina ante la baja fecundidad: una lectura crítica desde la familia, el desarrollo y la población

En 2025, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó el informe titulado Observatorio Demográfico: América Latina y el Caribe ante la baja fecundidad, un documento extenso que describe con detalle la caída sostenida de la tasa global de fecundidad (TFG) en la región, su relación con el envejecimiento poblacional y las implicaciones para las políticas públicas. El diagnóstico estadístico es sólido. pero adopta una narrativa interpretativa que no toma en cuenta elementos centrales para comprender el fenómeno demográfico en su totalidad.

Qué dice la CEPAL: diagnóstico demográfico y narrativa dominante

La CEPAL concluye que América Latina y el Caribe han pasado, en pocas décadas, de niveles altos de fecundidad a tasas por debajo del nivel de reemplazo poblacional. En 2024, la TGF regional se situó en 1,8 hijos por mujer, con cifras aún más bajas en varios países del Caribe. El informe atribuye este fenómeno a una combinación de factores: mayor acceso a la educación, urbanización, expansión de métodos anticonceptivos modernos, participación femenina en el mercado laboral y cambios en las decisiones sobre reproducción.

Asimismo, el documento enfatiza el aplazamiento de la maternidad, el aumento de mujeres sin hijos o con un solo hijo y la reducción de la fecundidad adolescente como elementos centrales de este nuevo escenario demográfico. Desde esta lectura, la baja fecundidad aparece principalmente como un desafío para las políticas públicas, vinculado al envejecimiento poblacional, la sostenibilidad de los sistemas de pensiones y la necesidad de ampliar servicios de cuidado.

Un vacío analítico: la ausencia de la familia como eje explicativo

Aunque la CEPAL reconoce la importancia de las “políticas familiares”, el informe evita analizar el peligro del debilitamiento de la familia como institución social básica. La baja fecundidad se aborda casi exclusivamente desde variables individuales, como decisiones individuales, trayectorias educativas y laborales, y no desde la transformación estructural de los vínculos familiares, la caída del matrimonio, la inestabilidad conyugal o la fragilidad de los hogares.

Desde la perspectiva de familia, desarrollo y población, esta omisión es significativa. La evidencia regional muestra que los países con mayor estabilidad familiar y mayor proporción de hogares intactos tienden a presentar mejores resultados en bienestar infantil, cohesión social y sostenibilidad demográfica. Sin embargo, estos factores no forman parte del marco analítico central del informe.

¿Más desarrollo significa menos hijos?

La CEPAL sugiere que la caída de la fecundidad acompaña el desarrollo humano y la modernización. No obstante, la experiencia internacional demuestra que, una vez que las tasas descienden por debajo del nivel de reemplazo, la relación entre baja fecundidad y desarrollo se vuelve problemática. Países con altos niveles de ingreso y bienestar enfrentan hoy serias dificultades para revertir el invierno demográfico, incluso con políticas públicas costosas y sostenidas.

En América Latina, donde los sistemas de protección social son más débiles y el mercado laboral es altamente informal, la persistencia de fecundidades bajas plantea riesgos aún mayores: reducción de la población en edad productiva, presión fiscal creciente y debilitamiento de las redes familiares que históricamente han compensado las carencias del Estado.

Desigualdad, fecundidad y brechas sociales

El informe de CEPAL describe las diferencias de fecundidad entre grupos socioeconómicos como una brecha que debe cerrarse, sugiriendo que los patrones reproductivos de los sectores con mayores niveles de hijos constituyen un rezago frente a un modelo demográfico considerado más “avanzado”. Esta aproximación introduce un juicio normativo implícito: que la familia numerosa sería un problema a corregir y no una realidad social legítima. Desde el enfoque de familia, desarrollo y población, esta lectura resulta reduccionista y desconoce que la fecundidad no es un indicador de atraso, sino una expresión de proyectos familiares diversos, enmarcados en contextos culturales, comunitarios y de valores.

La existencia de familias con varios hijos no debe interpretarse como un fallo del desarrollo ni como una distorsión causada por la pobreza. Al contrario, en muchos contextos latinoamericanos, la familia numerosa ha sido históricamente una fuente de cohesión social, transmisión intergeneracional y resiliencia frente a la precariedad institucional. El verdadero desafío para las políticas públicas no es disminuir el número de hijos en ciertos sectores, sino asegurar que todas las familias, incluidas aquellas que optan por tener varios hijos, cuenten con condiciones económicas, laborales y sociales que les permitan desarrollarse plenamente, sin que la fecundidad sea tratada como una variable negativa o un problema a neutralizar.

En este documento, la CEPAL propone fortalecer licencias parentales, servicios de cuidado y bonos o subsidios a familias con niños. Si bien estas medidas pueden aliviar ciertas tensiones, la evidencia comparada indica que su impacto sobre la fecundidad es limitado cuando no existe una cultura favorable a la familia.

Una política demográfica integral debe reconocer explícitamente a la familia intacta como pilar del desarrollo y crear condiciones para su estabilidad: empleo compatible con la vida familiar, reconocimiento del valor económico y social del cuidado dentro del hogar, y marcos legales que protejan el matrimonio y la corresponsabilidad entre padres.

Implicaciones para Guatemala y la región

Para países como Guatemala, que aún mantienen una fecundidad relativamente más alta que el promedio regional, el informe de la CEPAL ofrece una advertencia clara: la caída de la fecundidad no es un fenómeno lejano ni exclusivo de países desarrollados. Sin embargo, también representa una oportunidad para aprender de los errores de otras regiones y evitar políticas que aceleren artificialmente el invierno demográfico.

La experiencia internacional muestra que revertir una fecundidad baja es extremadamente difícil. Por ello, las decisiones que se tomen hoy en materia de familia, trabajo y desarrollo tendrán efectos duraderos sobre la estructura poblacional y el futuro económico del país.

En conclusión

El Observatorio Demográfico 2025 de CEPAL aporta datos valiosos y un diagnóstico detallado sobre la baja fecundidad en América Latina y el Caribe. No obstante, su marco interpretativo resulta incompleto al relegar el papel central de la familia y al asumir que la caída de la fecundidad es una consecuencia casi inevitable del desarrollo.

La baja fecundidad debe leerse como una señal de alerta sobre el debilitamiento de la familia y sobre un modelo de desarrollo que no ha logrado integrar trabajo, maternidad, paternidad y bienestar intergeneracional.  El desafío para los tomadores de decisión, no es solo adaptarse al envejecimiento poblacional, sino reconstruir condiciones sociales, culturales y económicas que hagan nuevamente viable, y deseable, formar familia y tener hijos.