Controles poblacionales: ¿Contraproducentes?

Una de las políticas de control de natalidad más conocidas es la “Política de Hijo Único” implementada en China al final de la década de 1970; sin embargo, no ha sido la única. Singapur estableció, en la misma temporalidad, la política “Detente en Dos”, con la cual se buscaba alentar a los padres de familia a no tener más de dos hijos introduciendo diversos incentivos relacionados con el aumento de tarifas hospitalarias para el nacimiento del tercer hijo, así como del Impuesto Sobre la Renta para familias más numerosas, etc. acompañados de campañas publicitarias que difundían mensajes como “Familias pequeñas, futuros más brillantes” y “Cuantos más tienes, menos reciben”. Vietnam es un caso más de implementación de limitantes de natalidad desde 1982, con el establecimiento del programa social para controlar el crecimiento demográfico que establecía un límite de dos hijos por familia.

Los mecanismos de control demográfico mencionados tienen más en común que simplemente representar medidas gubernamentales arbitrarias, todas han tenido que ser revertidas por los lesivos resultados en cada una de las poblaciones en las que fueron implementados.

En el caso de China, el gobierno que hace más de 40 años  limitó la natalidad ahora la fomenta por ser insuficiente. La tasa de fertilidad se redujo de 5.72 hijos por mujer en 1970 (previo a la implementación de la “Política de Hijo Único”) a 1.3 hijos por mujer en la actualidad. La escasez de nacimientos ha llevado al gobierno chino a ampliar la restricción de natalidad recientemente, la medida ahora permite a las familias chinas tener 3 hijos.

La demografía en Singapur ha experimentado una transición dramática: al inicio de la década de 1960 se registraba un crecimiento poblacional de 4% anual y una tasa de fertilidad de 5.76 hijos por mujer; el crecimiento de su población decayó a 1.3% anual en 1980 y su tasa de fertilidad a 1.82 hijos por mujer. Por esta razón, el eslogan “Detente en dos” cambió a “Puedes tener tres, si puedes pagarlo”, en 1987. Según los datos del censo de población realizado en Singapur en el 2020, la tasa de fertilidad (1.14 hijos por mujer) se encuentra muy alejada del índice de reemplazo generacional y su crecimiento poblacional se sitúa en 1.1% anual.

Veamos el caso de Vietnam, su tasa de fertilidad se ubicaba en 1980 en 5.05 hijos por mujer; actualmente, la misma es de 2.03 hijos por mujer. El crecimiento poblacional ha decaído desde 1979, hasta llegar a un mínimo valor de 0.91% anual en el 2020.

La demografía es un aspecto sumamente cambiante debido a que las tendencias poblacionales tienden a variar en cortos períodos de tiempo y dependen de diferentes factores imprevisibles; un ejemplo de ello es el declive en la natalidad derivado de la pandemia mundial, lo cual desfavorece aún más a países que ya se enfrentaban a procesos de decrecimiento y envejecimiento poblacional previo al escenario actual.

Los mecanismos de control de natalidad han demostrado ser contraproducentes, principalmente por la imposibilidad de predecir cambios en las tendencias demográficas y suponer que las mismas se mantendrán invariables en el transcurso del tiempo. Por ejemplo, estimaciones realizadas por la Organización de Naciones Unidas en el 2019 predecían que la población mundial alcanzaría los 9,700 millones de habitantes en el 2050 y llegaría a su población máxima en el 2100 con casi 11,000 millones. Sin embargo, basándose en los datos actuales, se estima que el mundo alcanzará su población máxima con anterioridad y a un menor número de lo previsto; específicamente, se estima que la población mundial alcanzará los 9,700 millones de habitantes en el 2070 y comenzará a decrecer. Los más recientes pronósticos poblacionales toman en cuenta la reducción aún mayor de la natalidad y, consecuentemente, la desaceleración del crecimiento de la población mundial derivado de la pandemia por COVID-19, la cual era imposible de prever.

Para concluir, la dinámica de la población sigue un curso natural, es decir, al contrario de lo que planteaba Thomas Malthus, la población mundial no crecería desproporcionalmente, mas bien, aunque se acelerara su ritmo de crecimiento su relación con las tasas de mortalidad generarían un equilibrio; al contrario de lo que ocasionó el establecimiento de políticas de control poblacional: una población mundial cada vez más escasa y envejecida.